Profundizar la dependencia

En una entrevista al portal LaVoz el día sábado 21 de mayo [1], el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, declaró estar preocupado porque muchos investigadores en formación no quieren ir a hacer un posdoctorado al exterior. Este pensamiento refleja el rol que el ministro considera que tiene que tener la Argentina frente a la ciencia: el de insertarse pasivamente en el sistema científico internacional. Con esto nos referimos a la idea de que los científicos argentinos tienen que ir a algún país central a formarse sobre las técnicas o líneas de investigación que allí se realizan, y volver luego a su país de origen a replicar esos programas sirviendo, a la distancia, de mano de obra intelectual para los proyectos científicos pensados por las potencias.

Esta visión va en contra de una ciencia orientada a resolver los problemas de nuestro pueblo. Para ello, debería plantearse un programa de investigación en donde previamente se han definido líneas prioritarias, incluyendo todas las ramas de la ciencia y el pensamiento que puedan servir a mejorar la educación y la cultura, y a la vez funcionar como vectores de desarrollo, para reducir nuestra condición de país dependiente. No basta con mandar científicos acríticamente al exterior a formarse en los temas “de punta”, sino que se trata de desarrollar nuevos conocimientos que respondan a intereses regionales, o formarse en el exterior en temas que se correspondan con dicho programa.

Por otro lado, el mismo día en una entrevista en el programa “Científicos Industria Argentina” [2], el presidente del Conicet, Dr. Alejandro Ceccatto, mostró las debilidades de la política científica de los últimos años en el CONICET. Retomando la distinción que realizara Amilcar Herrera acerca de una política para la ciencia -donde se fomenta la actividad científica per se- de una política de ciencia -en la cual se piensa el para qué hacer ciencia, sus objetivos y dirección-, es interesante ver que Ceccatto comenta que en los últimos doce años se hizo mucho para la ciencia, pero hace notar que el CONICET carece de un gran proyecto estratégico, a diferencia de, por ejemplo, CONAE con el Tronador, CNEA con el plan nuclear, INVAP y ARSAT con el plan satelital, y tantos otros. Es decir, faltó una política de ciencia. Este hecho refuerza lo dicho previamente. Las instituciones recién nombradas operaron a lo largo de la historia con una visión distinta de la cientificista existente en el CONICET. Plantearon para sí mismas, sin aislarse del mundo, proyectos de investigación que ayuden al desarrollo del país, generando un círculo virtuoso que une investigaciones novedosas y de calidad, con la creación de pymes, trabajo calificado, y mayor valor agregado a la producción local. De todas formas, cabe aclarar que en el año 2012 se fundó entre YPF y el CONICET la empresa Y-TEC, la cual puede suplir la carencia planteada por Ceccatto, en el área energética, siempre y cuando cuente con el presupuesto correspondiente y con investigaciones planteadas y abordadas inteligentemente.
Como primera medida, Ceccatto anunció que este año el CONICET otorgará una cantidad considerable de becas (un tercio del total) a la investigación en “ideas-proyecto” embarcadas en este desafío. Más allá de si la modalidad es o no la mejor, puesto que en vez de formar un equipo interdisciplinario especializado en políticas científicas, deja la propuesta y planificación de estos proyectos en manos de científicos e institutos que ya tienen sus líneas de investigación en curso, lo que el presidente del CONICET parece no tener en cuenta es el marco político en el cual estos planes estratégicos pueden llevarse a cabo. Para esto se requiere un claro apoyo del Estado. Resulta difícil de creer que tanto el actual presidente y su grupo económico, responsables del vaciamiento del Estado Nacional desde el arribo de las políticas neoliberales en 1976, como sus ministros, muchos de ellos CEOs de empresas multinacionales, apuesten a un desarrollo soberano de nuestro país.

A modo de reflexión final, en las palabras del Ministro y otros funcionarios se remarca la existencia de una continuidad en las políticas para el sector científico [3,4], hecho que se ve reflejado por la permanencia del Ministro y otros funcionarios en sus respectivos puestos, y contrasta con las políticas que se están tomando en otras áreas del Estado, donde dominan los cambios frente a las continuidades. Esto refleja que en el nuevo gobierno los objetivos y las áreas estratégicas son distintas. En este contexto, plantear una continuidad de la política científica implica que se está pensando en una política para desarrollar la ciencia como si ésta fuese algo abstracto sin correlato con el devenir histórico del país. Como si bastara con tomar un modelo de desarrollo de un país exitoso e implantarlo aquí asumiendo que las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales son exactamente las mismas. En ese sentido, cabe recordar nuevamente las palabras de Rolando García, “la política científica nacional es en primer término política y política nacional y en segundo término ciencia y tecnología al servicio de esa política”. Sino se corre el riesgo de que el centro de interés de esa política sea “el hombre de ciencia” y no “el hombre de todos los rincones del país”.

2105420
[1]http://www.lavoz.com.ar/…/lino-baranao-me-preocupa-que-los-…
[2]https://www.youtube.com/watch?v=i2gt53hLKU0
[3]http://www.pagina12.com.ar/diario/u...
[4]http://www.unsam.edu.ar/tss/agustin...

Agrupación Rolando García

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